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LA DESAPARICIÓN DE STEPHANIE MAILER

Actualizado: 15 de feb de 2019



Antes de explicar por qué La desaparición de Stephanie Mailer se ha convertido en una de mis novelas preferidas, entremos en contexto con un breve resumen de la trama:


En 1994, la villa turística de Orphea estrenaba su esperado festival de teatro. La misma tarde de la inauguración, una joven que había salido a correr aparece muerta frente a la casa del alcalde. Éste y su familia también han sido asesinados.


Dos décadas después, antes de desaparecer misteriosamente, la periodista Stephanie Mailer advierte al agente Jesse Rosenberg de que la resolución del caso de la matanza del 1994 estaba equivocada. Asegura que hubo una prueba evidente que en su día se pasó por alto, y ahora ella posee información relevante sobre el caso. Jesse Rosenberg y su compañero Derek Scott se hacen cargo de la investigación de su desaparición mientras repasan el caso que cambió sus vidas en 1994.



¿QUÉ TIENE LA DESAPARICIÓN DE STEPHANIE MAILER PARA SER TAN ADICTIVA?





TODO ESTÁ CONECTADO


Desde el principio, Joël Dicker alterna los capítulos sobre el caso de la matanza de 1994 con el de la desaparición de Stephanie Mailer, en la actualidad. Esto no solamente supone aire fresco continuo para el lector, sino que, como los personajes implicados en ambas tramas son comunes, todo es relevante. Lo ocurrido en 1994 será importante para conocer por qué Jesse y Derek actúan de la manera en que lo hacen, viajando las dos tramas en paralelo durante todo el libro hasta que llegas a preguntarte: ¿cuál tira de cuál?



VARIOS LIBROS EN UNO


Ya he contado que la novela se sostiene sobre dos casos policíacos que el lector debe resolver de la mano de los policías, pero no es solo eso. Dicker trata el pueblo de Orphea como un personaje más (me recordó mucho al ambiente que David Lynch ofrece en Twin Peaks), involucrando a muchos de sus vecinos. El alcalde, el jefe de la redacción del periódico local, el crítico literario, el librero, el jefe de policía… La novela da vida a multitud de personajes secundarios que, no solamente hacen el papel de sospechosos, sino que protagonizan subtramas de gran nivel, algunas de ellas extraordinarias y casi tan interesantes como la trama principal.

A destacar el papel de Anna Kranner, subjefa de policía de Orphea y ayudante de Rosenberg y Scott en la investigación sobre la desaparición de Mailer.



CUALQUIERA PUEDE SER CULPABLE


En el punto anterior he destacado el número ingente de personajes importantes. Esta característica, que puede confundir en los primeros capítulos con tanto mareo de nombres, roles y parentescos, provoca en el lector una sensación continua de sospecha. Existen tantos candidatos a ocupar el puesto de villano que es inevitable para el lector meterse en la piel de los policías y jugar a resolver el caso.


La cara de Winona representa mis intentos por descifrar el enigma de Stephanie Mailer

EMPIEZA FUERTE Y NO SE DETIENE


El primer párrafo de la primera página del primer capítulo de la novela ya nos dice que hubo un asesinato en 1994. A partir de ahí, la trama no llega a detenerse para tomarse un respiro. Los protagonistas toman las riendas y siguen las múltiples pistas ininterrumpidamente. Dicker no hace una pausa para describírnoslos, sino que nos los presenta paulatinamente durante los interrogatorios, persecuciones y diálogos que mantienen entre ellos. Cuando las tramas principales piden tiempo muerto, toman el relevo las subtramas, que, como ya he opinado antes, son tan o más interesantes que las principales. ¿Lo mejor? Que estas subtramas ocupan un papel esencial en la resolución final del conflicto, y eso es algo que Dicker nos promete desde el primer momento.





ESTILO SIMPLE, QUE NO SENCILLO


Uno de los motivos de que una novela tan extensa se lea tan deprisa tiene que ver con el estilo de Dicker: muy directo y si florituras. No hay una palabra que no tenga que ver con la acción. No hay una frase de lucimiento personal. Es como si el propio Jesse Rosenberg, que no es escritor, sino policía, nos estuviera contando su vida. No utiliza una prosa deslumbrante (porque no es escritor), pero lo que nos cuenta nos hace mantener la respiración (porque es policía). Muchos personajes ni siquiera son descritos físicamente, pero eso es lo de menos, porque acabamos por dibujar un retrato robot perfecto de todos a base de verlos actuar. Show, don´t tell...

Por todo esto, mi valoración de La desaparición de Stephanie Mailer es de:




¿POR QUÉ LE HE DADO UN 9 Y NO UN 10?


NARRADOR ESCURRIDIZO

En la actualidad es común encontrarse con libros cuyos capítulos se centran en un personaje concreto de la trama. Los autores, con el fin de ayudar al lector a meterse rápidamente en el contexto, incluso titulan estos capítulos con el nombre del personaje directamente. Este es el caso de grandes clásicos modernos como Canción de hielo y fuego o La chica del tren. Hasta aquí todo perfecto. Es un recurso que personalmente me gusta (de hecho, yo mismo lo aplico en mi próxima novela).


El problema con La desaparición de Stephanie Mailer es que Dicker "se olvida" de quién es el personaje dominante de algunos capítulos. Lo he puesto entre comillas porque entiendo que es algo que hace a propósito, pero a mí llegó a confundirme en ciertos pasajes de la trama. Esto sucede concretamente en casi todos los capítulos de Jesse Rosenberg. Dicker enfoca la narración en su protagonista, e incluso le atribuye la primera persona para que nos familiaricemos más con él. En cierto punto del capítulo en cuestión, la acción de Jesse termina, y, en lugar de empezar otro capítulo centrado en otro personaje, continúa el episodio centrando la acción en un personaje secundario, pasando además a la tercera persona. El efecto que todo esto produce en el lector es que es el propio Jesse quien nos está narrando los devenires de los otros personajes, y eso es algo que resta realismo a la historia, pues es obviamente imposible que Jesse pueda saber todo lo que sucede en Orphea (si lo supiera, vaya idiotez de investigación sería).





SE RESERVAN PISTAS

El desenlace de la novela es creíble, posible y aceptable, en el sentido de que todas las piezas (muchas) que Dicker nos pone sobre la mesa durante la trama, encajan. No quedan cabos sueltos ni hay fórmulas mágicas. Sin embargo, justo en los momentos previos a la resolución del caso, los personajes comienzan a tirar de hilos que quizá eran evidentes desde un principio. Para que se me entienda mejor, la resolución del caso viene tras seguir una pista que quizá debería haber sido seguida por los protagonistas en el capítulo 4. Como lector, me quedó cierta sensación de que el larguísimo y complejo nudo de la historia simplemente existe para confundir al lector y ampliar las posibilidades al infinito. Es un nudo entretenidísimo, de eso no cabe duda, pero ciertas subtramas merecían, en mi opinión, otro tipo de final.


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