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ENGAÑADO POR UN AGENTE LITERARIO

Actualizado: 13 de feb de 2019


En mi anterior artículo, dejamos mi historia en su primer punto de inflexión: me encontraba vendiendo y promocionando mi primera novela y me di de bruces con mi primer gran obstáculo: un agente literario.


No lo vi venir. Su aspecto era desenfadado, antiguo. Se acercó a mí mientras firmaba ejemplares de Reflejos en el espejo en la feria del libro de Getxo, mi ciudad natal. Creo que nos ubicamos en la primavera de 2013, pero no podría asegurarlo. Se presentó como un descubridor de nuevos talentos, aunque más tarde descubriría que no era más que un ilusionista de la palabra. Un vendehúmos. Un trilero. Me pidió permiso para coger uno de mis ejemplares y llevárselo a un lado. Quería echarle un vistazo con tranquilidad. Hoy en día creo que no se llegó a leer ni un párrafo, pues todo en él era fachada. A los pocos minutos regresó, me devolvió el libro, me regaló los oídos, y me dio su tarjeta. Me dejó la siguiente tarea: debía enviarle un resumen de mi próxima novela (El secreto de Oli, ya escrita pero por aquel entonces todavía sin publicar), y quedamos en hablar por teléfono.


Puedes imaginar mi subidón. En pocos días ya le había enviado el mail, y en unas pocas semanas me encontraba compartiendo mesa y cerveza con ese hombre de sonrisa amarillenta en un chiringuito del parque del Retiro durante la Feria del libro de Madrid. Me hizo la siguiente oferta: él sería mi agente literario a cambio de 700€ y un porcentaje de los royalties que me pagaría la editorial por mis próximas cinco novelas de entonces en adelante. La conversación transcurrió entonces tal que así:


—Existe un problema —le dije—. No tengo editorial.
—Por eso no te preocupes —contestó, casi divertido ante mi preocupación—. ¡Tengo contacto con muchísimas editoriales!
—Si te pago los 700€, ¿qué garantía me das de que una editorial me publique?
—No te puedo garantizar a una de las grandes, pero, como mínimo, sí te garantizo el sí «quiero» de alguna editorial pequeña.

También se comprometía a revisar mi novela de manera profesional, pues, por lo que me decía, era un SÚPERAGENTE (no me hablaba más que de un escritor español que él llevaba y que se iba a convertir en el autor de la gran saga de novela negra en todo el mundo, con adaptación al cine incluida).


Cómo no, acepté, y firmamos un contrato. Él se llevó mis 700€ mientras proclamaba con una gran sonrisa triunfal: TE ACABAS DE CONVERTIR EN ESCRITOR.

Yo no sabía que lo que acababa de firmar en realidad era un año perdido.


Esto es lo que sucedió en los meses siguientes:

  • A pesar de que una de sus funciones como agente era la de corregir la novela, encontré varios errores, tanto gramaticales como de guion, en la primera versión corregida que me devolvió. Recuerdo una muy graciosa en la que me sugirió la palabra «ponzas» en lugar de «pinzas». Hasta acudí a un diccionario para buscar el significado de esas «ponzas». La palabra no existe, por supuesto, simplemente cometió un error provocado por las prisas y la falta de interés.

  • No recibí ni una llamada, SMS o email suyo en los últimos meses de contrato.

  • Cuando le preguntaba por si le había respondido alguna editorial, me respondía con escuetos emails que hacían referencial al mal momento del mundo editorial y a la crisis mundial.

Cansado de esperar, y sin todavía publicar El secreto de Oli a pesar de llevar ya meses terminada, comencé a escribir la siguiente novela, por la cual no se interesó. Ni siquiera me preguntó por la sinopsis.


Cuando, harto, le escribí con mi deseo de romper el contrato por desinterés de una de las partes (ni siquiera me molesté en pedirle los 700€), me respondió con lo siguiente (todavía mantengo el correo, de modo que son palabras textuales):


"OK. Tomo nota y la cruda realidad es que con la crisis nadie publica a los autores noveles, y por ello mi actividad como agente literario se ha terminado y en el mundo del cine y la TV al final solo he encontrado vendedores de humo..."


Como ves, tampoco él hizo mención a los 700€, que por supuesto no volví a ver.


Ya por curiosidad, busqué a aquel escritor español que, bajo su consejo y asesoramiento, iba a convertirse en el mejor autor de novela negra del país (adaptación cinematográfica incluida), y le conté mi experiencia con el ilusionista. Me respondió muy amablemente con un larguísimo email que comenzaba así: «JMR es un captador. Se aprovechó de mi desesperación y yo le creí por la necesidad. El desempleo me hizo creerle y me prometió el oro y el moro.»

Decidí no remover más aquellas aguas turbulentas y continué con mi carrera de escritor en solitario, con la cual me mantengo felizmente.



¿QUÉ PERDÍ CON TODO ESTO?

  • 700€.

  • Meses de inactividad, en los que El secreto de Oli estuvo guardado dentro de un cajón esperando a ser publicado por una gran editorial.

  • La fe en los agentes literarios e ilusionistas de la palabra.


¿QUÉ GANÉ?

  • La convicción de que es preferible trabajar solo y según tus normas, que estar al amparo de un aprovechado.

  • La experiencia que hoy me ha permitido escribir este artículo para que otros autores que empiezan con ilusión no caigan en las garras de un tipo así.


En el próximo artículo de esta saga sobre mis andaduras como autor independiente, contaré cómo reanudé mi trabajo con la trilogía de Oli sin contar con ningún profesional.

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Copyright© Luis A. Santamaría

Fotografías de autor realizadas por L.A.María Pérez